viernes, 1 de marzo de 2019

¿Iguales...?...

Cortesía: Dr. Jorge Mota
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¡Qué vamos a ser iguales los varones y las mujeres!...

Ellas aportan un esplendoroso "X" mientras nosotros apenitas un esmirriado "Y" que sólo sirve para señalar el sexo. Ellas ofrecen un radiante óvulo y nosotros tan sólo un cardúmen de nerviosos renacuajos para que uno solo sea útil para algo.

Ellas germinan vida y alimentan con su sangre el desarrollo de los complejos aparatos y sistemas para el humanito o la humanita que alli crece. Entre tanto, nosotros nos pasamos nueve meses tratando de ayudar sin saber cómo, o impotentes e irascibles...por lo mismo.

Ellas paren con toda su fuerza y sueltan cataratas de lágrimas de alegría al sentir el nacimiento, al tiempo que nosotros contenemos el impulso porque nos mintieron que "los hombres no lloran".

Tras nueve meses de alimentar con su sangre, ellas siguen amamantando con su leche, mientras nosotros nos contentamos con bañar o cambiarle pañales a la nueva vida. Y si eligen, o no pueden, procrear una vida dentro suyo, lo hacen, con todo lo que respira y late allí afuera.

No es indispensable ser madre para ser mujer. Pero sólo las mujeres pueden ser madres.

Ellas tienen un cerebro capaz de volver sencillas y concretas nuestras complicadas abstracciones.

Ellas logran prestar atención a cuatro cosas a la vez, al tiempo que nosotros balbuceamos confundidos cuando nos ponen en dos frentes de respuesta simultáneos.

Ellas se muerden por dentro pero aguantan el dolor y se recuperan en resilientes armaduras. Nosotros no soportamos que nos dejen y golpeamos o matamos por cobardes y egoístas si es que ella elige a otro.

Ellas nos han aguantado siglos de soberbia y nosotros apenas estamos empezando a darnos cuenta...y algunos a hacernos cargo de nuestro machismo patriarcal.

No...no...¡qué vamos a ser iguales las mujeres y los hombres!. Ojalá aprendamos de ellas a compartir nuestras ideas y complementar nuestras tareas. Ojalá aprendamos de ellas a pensar profundamente sin temor a expresar lo que sentimos.

Ojalá aprendamos de ellas la firmeza que, como dijo el Che, jamás debe perder la ternura que la impregna.

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