Introducción
La caída de los llamados “Estados de bienestar” y el consecuente advenimiento del neoliberalismo, en conjunto con el cambio en el patrón productivo (pasaje del modelo “Fordista-Taylorista” al “Toyotista”) han abierto heridas muy profundas en el mundo. Las “recetas” del consenso de Washington para nuestros países sólo contribuyeron a incrementar la brecha entre ricos y pobres. Privatizaciones, disminución en el gasto público, “prolijidad fiscal”, “apertura de mercado” condujeron no sólo a feroces incrementos en el desempleo, sino también al deterioro de la calidad del mismo, siendo la desregulación y la flexibilización laboral algunas de sus características más sobresalientes.
La globalización, en sus múltiples acepciones, genera inequidades a nivel nacional e internacional; esta situación de desigualdades tan profundas va llevando a los diferentes grupos de la sociedad -especialmente de las clases menos favorecidas- a engendrar nuevas estrategias de supervivencia.















