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| Bettina Tassino y Ana Silva. |
14 de septiembre de 2019 | Escribe: Lucía Gandioli en Investigación científica | Foto: Ernesto Ryan
Cotesía: la diaria
Los rayos de luz que alcanzan los ojos ingresan por la córnea, atraviesan el humor acuoso, continúan a través de la lente ocular llamada cristalino y recorren el humor vítreo hasta tropezar con la pared posterior del glóbulo ocular. Allí, en la retina, se transforman en impulsos nerviosos y continúan su viaje hasta el cerebro, donde se generan las imágenes. La luz es visión. La luz es energía que hace que átomos y moléculas roten, vibren y se choquen, generando así calor. Pero la luz es también una medida de tiempo, es el Zeitgeber que está en nuestro cerebro. Esta palabra alemana designa a ese reloj biológico que ha evolucionado en todos los seres vivos para ajustar su funcionamiento a un entorno de ciclo claro-oscuro predecible. Así lo afirman con seguridad las biólogas Ana Silva y Bettina Tassino: “El tiempo es luz”. Y esta dupla de investigadoras lo comprobó a raíz del impacto de la luz sobre el reloj biológico en estudiantes universitarios en la Antártida y en Montevideo.

